Siempre hay una cadena de elementos que llevan al incidente/accidente, por eso hay que cortar la cadena lo antes posible y no seguir sumando decisiones que pueden acercarnos al accidente. No hay que retrasar la decisión.

En este caso fue mejor abandonar cuando el refugio estaba a la vista, a hora y media, y todavía me encontraba en una zona muy concurrida, lo que no hacía demasiado arriesgado el regreso en solitario.

Cuesta tomar la decisión de abandonar, pero hay que evaluar con honestidad nuestras posibilidades de continuar ¿vamos a ir a mejor o a peor si continuamos? En mi caso, con 700 metros de desnivel por delante, lo más probable es que los calambres no mejorasen.

Tenemos que descartar la idea de “esto no me puede pasar a mi”. No debemos compararnos con nuestro yo de otro día (¡pero si la semana pasada hice una ascensión más dura!). El cuerpo es un mecanismo muy complejo y hay factores que desconocemos o que no podemos medir.

Además, hay que tener en cuenta que lo que ocurra no solo afecta a uno mismo. Podemos provocar que más gente tenga que abandonar la actividad o, incluso, poner en riesgo a tus compañeros/as o a quien tenga que ir a rescatarte.

Siempre hay que dejar el ego en casa. Si todos/as los grandes alpinistas han tenido que abandonar en alguna ocasión, ¿cómo no nos va a pasar alguna vez? Es más probable que el orgullo nos lleve a tomar más malas decisiones que buenas.

También son peligrosas las actitudes como “ponerse a prueba” o preocuparse de qué van a pensar los demás. Ningún compañero/a debería echarte en cara la decisión de abandonar una actividad (y si lo hace cambia de compañero).

Además, es bueno hablar de estas cosas con tus compañeros/as de montaña, hablando se aprende y se normaliza algo que no debería ser más que una anécdota. Hay dos tipos de montañeros/as, los que han abandonado en el ascenso a una cima y los que lo harán.

Un abandono nos puede enseñar a planificar mejor si después dedicamos un rato a reflexionar sobre los errores que podemos haber cometido. En este caso consideré que la ruta era adecuada para mi analizando que el desnivel y la distancia eran similares, incluso inferiores, a otras rutas ya realizadas sin problemas, lo mismo con el tipo de terreno.

El factor clave fue el estado de la nieve, esperábamos que iba a estar más dura por las condiciones meteorológicas de las últimas semanas y los informes que hablaban de un manto muy estabilizado (boletines de riesgo de aludes de la AEMET y el blog lameteoqueviene). Así que quizás hubo falta de entendimiento sobre cómo puede no ser suficiente que haya mínimas de -5º para encontrar nieve dura en altura.

En la montaña nunca dejaremos de aprender, de nuestras experiencias y de nuestros compañeros y compañeras. Y nunca olvidemos las claves para que nuestras actividades sean seguras: planificación, equipamiento adecuado, formación y estimación correcta de nuestras capacidades.