Sarrios

¡Oh, Dios mío! Yo no contaba con esto…

A todos nos ha pasado alguna vez, sobre todo cuando éramos más novatos y teníamos poca experiencia en montaña. Nos apuntamos ilusionados a esa maravillosa ruta que tantas ganas tenemos de hacer o que tiene una pinta estupenda.

Llega el día de la ruta, comenzamos a andar con el grupo felices y contentos, charlando animadamente con los demás componentes. El día es magnífico. Las vistas y los parajes excelentes. La compañía mejor. Todo transcurre con normalidad y está siendo una jornada de montaña estupenda. Hasta que de repente… ¡Oh, sorpresa! Y no precisamente agradable.

Hemos topado con algo que no entraba en nuestros planes y para lo que no estamos preparados: hay que atravesar un enorme caos de bloques, o descender por una pendiente nevada o de piedras sueltas de fuerte inclinación y es algo nuevo para nosotros por lo que vamos inseguros o con miedo; tenemos que afrontar un tramo aéreo y expuesto y padecemos vértigo o nos impresiona mucho, por lo que vamos aún con más miedo; nos encontramos con unos pasos de trepada o destrepe que superan nuestras capacidades técnicas, donde lo pasamos realmente mal; o hemos sobrevalorado nuestra forma física y nos damos cuenta de ello a mitad de ruta, cuando ya estamos agotados o con una pájara y ya no tiene remedio, y lo que debía ser disfrutar de un bonito día de montaña se convierte en un suplicio en el mejor de los casos.

Cuando ocurren estas cosas, no solo se pone en peligro la persona que se ha equivocado al apuntarse a la ruta sino que se pone en peligro a todo el grupo, pues los horarios se alargan, puede ser necesario improvisar sobre la marcha un nuevo trayecto por seguridad, hay mayor riesgo de accidentes y de que nos caiga la noche encima (muy peligroso en invierno), e incluso puede llegar a ser necesaria una evacuación si la persona ha agotado ya todas sus fuerzas o ha sufrido un accidente.

Para evitar estas situaciones, antes de apuntarnos a una ruta deberíamos consultar concienzudamente el MIDE de la misma y saber interpretar el significado de esos cuatro números separados por guiones, pues nos dan una idea bastante exacta de lo que nos vamos a encontrar y así decidir si esa ruta es adecuada para nosotros o no. Si tenemos dudas lo mejor es consultar con el organizador, que en muchos casos ya conoce nuestras capacidades y nos puede indicar si la ruta es adecuada o no para nuestro nivel físico y técnico. Si aún así seguimos teniendo dudas, lo más sensato para con nosotros mismos y con el resto de compañeros es abstenerse de hacer la ruta.

Cuando salimos a hacer una ruta de montaña por nuestra cuenta, o la organizamos como guía para un grupo, todos los números del MIDE son de vital importancia y debemos evaluarlos con sumo cuidado. Sin embargo, cuando nos apuntamos a una ruta guiada, donde nos van a llevar, hay algunos números a los que debemos prestar más atención que a otros. Y esto es precisamente lo que vamos a explicar aquí: cuál es el significado de cada número, y a cuáles debemos prestar más atención cuando nos apuntamos a una ruta guiada.

COMPRENDER EL MIDE

El sistema MIDE evalúa la dificultad de una ruta teniendo en cuenta cuatro factores distintos, y asignándoles a cada uno de ellos un número del 1 al 5 correspondientes a los valores Muy Bajo (1), Bajo (2), Medio (3), Alto (4) y Muy alto (5).

Los factores que se evalúan son Severidad del Medio Natural, Orientación en el Itinerario, Dificultad en el Desplazamiento y Cantidad de Esfuerzo Necesario, siempre en este orden. Por ejemplo, una ruta calificada como 3-2-3-4 indica lo siguiente:

  • Severidad del Medio Natural: Media (3)
  • Orientación en el Itinerario: Baja (2)
  • Dificultad en el Desplazamiento: Media (3)
  • Cantidad de Esfuerzo Necesario: Alto (4)

Pero, ¿Qué significa cada uno de esos factores?. A continuación vamos a explicarlos y cómo debemos evaluarlos antes de apuntarnos a una ruta. Con ello, se pretende que todos estemos debidamente informados de lo que nos vamos a encontrar en la ruta y así evitar, en la medida de lo posible, situaciones como las que hemos descrito, que, desafortunadamente y seguramente por desconocimiento, son más habituales de lo que deberían serlo.

Severidad del medio natural.

Indica el nivel de hostilidad o peligrosidad potencial que puede llegar a tener el entorno por el que transcurre la ruta, ya sea por el terreno en el que nos movemos, o por la capacidad de maniobra de que vamos a disponer si surgen problemas y la ruta se complica. Aquí se tienen en cuenta factores como el peligro de desprendimiento de piedras, pasos aéreos con peligro de caída al vacío, pasos por pendientes de nieve inclinadas, si nos movemos por entornos muy aislados, las horas de luz disponibles que tenemos como margen de maniobra por si surgen problemas, la posibilidad o no de que por la noche la temperatura baje de cero grados, etc.

No hay que confundir este aspecto con la dificultad técnica, que se evalúa en otro apartado. Una ruta puede hacerse cómodamente caminando por un sendero pero presentar pasos aéreos muy expuestos en los que un resbalón o un tropezón nos puede provocar una caída al vacío, lo cual es un factor de riesgo a tener en cuenta. Un claro ejemplo de esto es la Faja de las Flores en Ordesa.

Faja Las Flores

Faja de Las Flores. Sendero cómodo pero muy aéreo.

También una ruta puede ser muy cómoda pero muy larga en kilómetros con lo que se corre el riesgo de que se nos eche la noche encima si surgen complicaciones que la retrasen, o trascurrir por terreno incómodo como pedreras y zonas enmarañadas que dificultan y retrasan mucho la marcha, o vernos obligados a cruzar cauces de arroyos que vienen muy crecidos, o discurrir por cordales o lomas amplias que dificulten la progresión en caso de viento fuerte o niebla, y un largo etcétera.

Todo ello son factores de riesgo que pueden hacer que las cosas vayan mal. Cuanto mayor sea el número de éstos que presenta una ruta, mayor es la posibilidad de que ésta pueda complicarse, y por tanto mayor será la puntuación que se asignará a la Severidad del Medio Natural. Un 4 indica que ya hay factores más que suficientes para que las probabilidades reales de que la cosa se tuerza sean elevadas, sobre todo en grupos numerosos, donde el nivel y experiencia de sus componentes suele ser bastante heterogéneo.

Para alguien con poca experiencia en montaña, o con experiencia pero no en alta montaña, o sin experiencia en montaña invernal, saber interpretar este apartado es vital para no meterse por error “en camisa de once varas” y acabar convirtiéndose él mismo en otro factor de riesgo más que añadir a la ruta. Por tanto, cuando se encuentre con una ruta donde la Severidad del Medio Natural está calificada con un 4, o con un 3 si es verano, debería preguntar al organizador qué se va a encontrar antes de apuntarse y ya, con esa información, tomar la decisión más sensata de acuerdo a sus capacidades. Para el resto de personas con experiencia en alta montaña y en montaña invernal, este factor conviene tenerlo en cuenta para saber de antemano dónde nos vamos a meter y llevar el equipo adecuado, si fuese necesario, pero no es el más importante.

Orientación en el itinerario.

Indica la dificultad que tendremos para orientarnos durante la ruta y seguir el trazado previsto sin equivocarnos o perdernos. De esto suele encargarse el que organiza la ruta, bien porque ya conoce el terrero o porque ha reunido documentación sobre la misma, pero es una factor a tener en cuenta porque también influye en la que la actividad vaya más o menos fluida y, por supuesto, obliga a que el grupo vaya unido para evitar despistes o pérdidas.

Mapa y brújula.

La formación también es una buena inversión al igual que el material.

A continuación vienen los dos apartados del MIDE más importantes para todo aquel que se apunta a una ruta guiada, y que debemos valorar con sumo cuidado antes de apuntarnos.

Dificultad en el desplazamiento.

Es, ni más ni menos, que la dificultad técnica de la ruta. Por tanto, no es algo que debamos tomarnos a la ligera. Hasta el 2, son rutas sencillas que cualquiera puede hacer, incluso sin experiencia previa en montaña. A partir de aquí, ya debemos prestarle atención.

Posets

Arista final a la cumbre del Posets que habría que calificar con un 3 en este apartado.

Una ruta con un 3 en este apartado indica que, si bien aún no entramos en terreno de trepada, ya encontraremos tramos de terreno escarpado en los que tal vez tengamos que usar las manos en alguna ocasión como apoyo, o atravesar pedreras y caos de bloques. Alguien que no ha salido nunca a la montaña debería abstenerse de realizar una ruta con esta calificación es este apartado hasta haberse soltado un poco. Como ejemplos en nuestra sierra, tenemos la mayoría de rutas por la Pedriza, la senda Herreros en la ladera sur de Siete Picos, o en la Mujer Muerta el tramo de cordal de la Pinareja a la Peña del Oso.

En una ruta de nivel 4 de dificultad en el desplazamiento nos metemos ya en terreno de trepada en roca propiamente dicho, donde tendremos que emplear las manos para progresar y no sólo como apoyo. Son trepadas de grado I y I+, donde el terreno aún no es completamente vertical y hay buenos agarres y apoyos para pies y manos, aunque… ¡Cuidado! Puede incluir algún paso aislado de grado II. Por lo general, son trepadas y destrepes fáciles pero a los que ya hay que tener respeto pues, en muchas ocasiones, discurren por crestas aéreas y una caída conlleva un accidente grave. Se requiere experiencia en montaña para afrontarlos con seguridad.

Tuca Muyeres

Trepada Grado I en Tuca Muyeres

Alguien no habituado a moverse por este tipo de terreno debería abstenerse de hacer una ruta calificada con un 4 en este apartado. Como ejemplos, tenemos la cresta de Claveles (I) en Peñalara, el paso de Mahoma (I+) en el Aneto, y la Integral de la Pedriza, que incluye además un paso aislado de grado II en la cuerda de las Milaneras.

Almanzor

Trepada final grado II al Almanzor

En una ruta calificada con un 5 de dificultad técnica, entramos ya en el mundo de las trepadas de grado II y II+. Son trepadas sobre terreno vertical con buenas presas (agarres y apoyos para pies y manos), o que sin llegar a serlo las presas son escasas o de mala calidad lo que dificulta la trepada o el destrepe, requiriendo experiencia, temple, cabeza fría, y un mínimo de técnica para afrontarlas con confianza y seguridad. Puede, además, incluir algún paso aislado de grado III, que se desarrolla sobre terreno vertical con escasas presas, y que sólo se puede destrepar rapelando. Por tanto, estamos hablando ya de un nivel técnico serio para los montañeros no escaladores, que somos la mayoría. Mucho cuidado a la hora de valorar nuestras capacidades si nos apuntamos a una ruta calificada como 5 en Dificultad en el desplazamiento.

Como ejemplo de esta calificación, tenemos la trepada final de subida al Almanzor.

 

 

Cantidad de esfuerzo necesario.

Se refiere al esfuerzo físico. Hay que puntualizar que el esfuerzo físico en una ruta de montaña se debe medir en términos de fondo y resistencia, puesto que lo que hacemos es caminar subiendo y bajando pendientes pronunciadas durante varias horas seguidas, no correr ni esprintar en llano durante media hora o una hora. Y no es lo mismo. Podemos ser los más rápidos en una carrera de 10 km y tener un sprint diabólico llevando las pulsaciones al límite, y enfrentarnos a una ruta de montaña medianamente exigente y acabar agotados. Y nos preguntamos… ¿Pero cómo es posible? Muy sencillo: tenemos muy bien entrenada la velocidad y el sprint, pero no la resistencia, que es lo que de verdad importa en montaña. Esto debe ser tenido muy en cuenta por los principiantes.

A una ruta calificada hasta el nivel 2 en Cantidad de Esfuerzo Necesario puede apuntarse cualquiera, incluso con baja forma física (que no es lo mismo que sin nada de forma física, ¡cuidado!) para ir cogiendo ritmo y forma ya que el tiempo de la ruta no irá más allá de 3 horas y la distancia y desniveles a superar serán muy bajos.

El nivel 3 requiere ya disponer de una buena forma física pues el tiempo efectivo de la ruta (sin paradas) puede alargarse hasta las 6 horas y la distancia y desniveles a superar, si bien no son demasiado elevados, comienzan ya a ser considerables para los principiantes. Es el nivel de esfuerzo ideal para que los debutantes en montaña que se encuentren en buena forma física puedan evaluar sus capacidades.

Salenques

Cabecera del largo y abrupto Valle de Salenques. Ruta que puede llevarnos más de 10 y que calificaríamos con un 5 en Cantidad de Esfuerzo Necesario.

El nivel 4 requiere disponer de muy buena forma física y resistencia, y haber realizado con anterioridad otras rutas de nivel 3 sin problemas. Son rutas cuyo tiempo efectivo es superior a 6 horas y pueden llegar hasta 10 horas, por lo general con distancias y desniveles elevados. Alguien con una forma física sólo aceptable que se apunte a una ruta de este calibre, lo pasará realmente mal y retrasará al resto del grupo. Tampoco es recomendable para alguien sin experiencia previa en montaña, por muy buena forma física que tenga.

El nivel 5 se aplica a las rutas con más de 10 horas de marcha efectiva. La longitud en kilómetros y desnivel que puede alcanzar una ruta de este calibre las convierte en aptas sólo para “machacas”. No necesita más comentarios.

EN CONCLUSIÓN…

Confiamos en que este artículo sirva para que todos seamos capaces de evaluar un poco mejor las características de las rutas a las que nos apuntamos y así, como versa el título del mismo, poder decidir con criterio si una ruta es adecuada o no para cada uno de nosotros. La diferencia entre disfrutar de la montaña y pasarlo mal en la montaña radica en saber elegir adecuadamente las rutas acordes a nuestro nivel físico y técnico.

Arista Tempestades

Arista Tempestades-Salenques. Si aún no estoy preparado para hacerla, mejor renuncio. ¡Ya habrá tiempo cuando haya adquirido la suficiente formación y experiencia!

Debemos tener algo muy claro: por encima de ascender a esta o aquella cumbre, llegar a tal o cual paraje, o completar con éxito un determinado trekking o travesía… LO MÁS IMPORTANTE ES LA SEGURIDAD. Y esto, además de realizando cursos de formación, se consigue también sabiendo renunciar a objetivos que superan nuestras capacidades y a día de hoy nos vienen grandes por muchas ganas que les tengamos. Las montañas siempre van a estar ahí, y ya habrá tiempo de intentar subir a ese pico que tanto nos gusta y aún no hemos podido ascender cuando tengamos más formación y experiencia y hayamos adquirido las capacidades necesarias para poder afrontarlo con seguridad y garantías de éxito. Demasiados accidentes graves y muertes se producen ya en la montaña todos los años por falta de formación, por no saber renunciar a tiempo, o por ambas cosas a la vez. No pasemos nosotros a engrosar aún más esa lista.

Podéis consultar la información completa sobre el MIDE y descargar el manual de procedimientos, en el siguiente enlace: TODO SOBRE EL MIDE. También encontraréis ahí una herramienta on-line gratuita desde la que podréis evaluar vuestras propias rutas.

Gracias por llegar hasta aquí y espero que os sea útil.

 

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